Lenin: 1914: Sobre el Derecho de las naciones a la autodeterminación.
3. LAS PARTICULARIDADES CONCRETAS DE LA CUESTIÓN NACIONAL EN RUSIA Y LA TRANSFORMACIÓN
DEMOCRÁTICO-BURGUESA DE ÉSTA
"...A pesar de lo elástico que es el principio del "derecho de las naciones a la autodeterminación", que es el más puro lugar común, siendo, evidentemente, aplicable por igual no sólo a los pueblos que habitan en Rusia, sino también a las naciones que viven en Alemania y en Austria, en Suiza y en Suecia, en América y en Australia, no lo encontramos ni en un solo programa de los partidos socialistas contemporáneos..." (Nº 6 de Przegld, pág. 483).
Así escribe Rosa Luxemburgo al comienzo de su cruzada contra el § 9 del programa marxista. Atribuyéndonos a nosotros una interpretación de este punto del programa como "el más puro lugar común", Rosa Luxemburgo misma incurre precisamente en este pecado, al declarar con divertida osadía que este punto es, "evidentemente, aplicable por igual" a Rusia, Alemania, etc.
Lo evidente -contestaremos nosotros- es que Rosa Luxemburgo ha decidido ofrecer en su artículo una colección de errores lógicos, que servirían como ejercicios para los estudiantes de bachillerato. Porque la andanada de Rosa Luxemburgo es un completo absurdo y una mofa del planteamiento histórico concreto de la cuestión.
Si no se interpreta el programa marxista de un modo infantil, sino a la manera marxista, no es nada difícil percatarse de que se refiere a los movimientos nacionales democrático-burgueses. Siendo así -y así es, sin duda alguna-, se deduce "evidentemente" que ese programa concierne "en general", como "lugar común", etc., a todos los casos de movimientos nacionales democrático-burgueses. No menos evidente sería también para Rosa Luxemburgo, de haberío pensado lo más mínimo, la conclusión de que nuestro programa se refiere tan sólo a los casos en que existe tal movimiento.
Si Rosa Luxemburgo hubiera reflexionado sobre estas consideraciones evidentes, habría visto sin esfuerzos particulares qué absurdo ha dicho. Acusándonos a nosotros de proponer un "lugar común", aduce contra nosotros el argumento de que no se habla de autodeterminación de las naciones en el programa de los países donde no hay movimientos nacionales democrático-burgueses. ¡Un argumento muy inteligente!
La comparación del desarrollo político y económico de distintos países, así como de sus programas marxistas, tiene enorme importancia desde el punto de vista del marxismo, pues son indudables tanto la naturaleza común capitalista de los Estados contemporáneos, como la ley general de su desarrollo. Pero hay que saber hacer semejante comparación. La condición elemental para ello es poner en claro la cuestión de si son comparables las épocas históricas del desarrollo de los países que se comparan. Por ejemplo, sólo perfectos ignorantes (como el príncipe E. Trubetskói en Rússkaya Mysl) pueden "comparar" el programa agrario de los marxistas de Rusia con los de la Europa Occidental, pues nuestro programa da una solución al problema de la transformación agraria democrático-burguesa, de la cual ni siquiera se habla en los países de Occidente.
Lo mismo puede decirse por lo que se refiere a la cuestión nacional. En la mayoría de los países occidentales hace ya mucho tiempo que está resuelta. Es ridículo buscar en los programas de Occidente solución a problemas que no existen. Rosa Luxemburgo ha perdido de vista aquí precisamente lo que tiene más importancia: la diferencia entre países que hace tiempo han terminado las transformaciones democrático-burguesas y países que no las han terminado.
Todo el quid está en esa diferencia. El desconocimiento completo de esa diferencia es lo que convierte el larguísimo artículo de Rosa Luxemburgo en un cúmulo de lugares comunes vacíos y sin contenido.
En la Europa Occidental, continental, la época de las revoluciones democrático-burguesas abarca un intervalo de tiempo bastante determinado, aproximadamente de 1789 a 1871. Esta fue precisamente la época de los movimientos nacionales y de la creación de los Estados nacionales. Terminada esta época, la Europa Occidental había cristalizado en un sistema de Estados burgueses, que, además, eran, como norma, Estados nacionalmente homogéneos. Por eso, buscar ahora el derecho a la autodeterminación en los programas de los socialistas de la Europa Occidental significa no comprender el abecé del marxismo.
En la Europa Oriental y en Asia, la época de las revoluciones de Rusia, Persia, Turquía y China, las guerras en los Balcanes: tal es la cadena de los acontecimientos mundiales ocurridos en nuestra época en nuestro "Oriente". Y en esta cadena de acontecimientos únicamente un ciego puede dejar de ver el despertar de toda una serie de movimientos nacionales democrático-burgueses, de tendencias a crear Estados independientes en el sentido nacional, y nacionalmente homogéneos. Precisamente y sólo porque Rusia, juntamente con los países vecinos, atraviesa por esa época, necesitamos nosotros en nuestro programa un punto sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación.
Pero veamos unos cuantos renglones más del pasaje antes citado del artículo de Rosa Luxemburgo:
"... En particular -dice-, el programa de un partido que actúa en un Estado de composición nacional extraordinariamente abigarrada y para el que la cuestión nacional desempeña un papel de primer orden -el programa de la socialdemocracia austríaca- no contiene el principio del derecho de las naciones a la autodeterminación". (Lugar cit.).
De modo que se quiere persuadir al lector "en particular" con el ejemplo de Austria. Veamos, desde el punto de vista histórico concreto, si en este ejemplo hay mucho de razonable.
En primer lugar, hacemos la pregunta fundamental de si se ha llevado a término la revolución democrático-burguesa. En Austria, empezó en el año 1848 y terminó en el 1867. Desde entonces, hace casi medio siglo que rige allí una Constitución, en líneas generales, burguesa, y sobre cuya base actúa legalmente un partido obrero legal.
Por eso en las condiciones interiores del desarrollo de Austria (es decir, desde el punto de vista del desarrollo del capitalismo en Austria en general y en sus diversas naciones en particular) no hay factores que den lugar a saltos, una de cuyas circunstancias concomitantes puede ser la formación de Estados nacionales independientes. Al suponer con su comparación que Rusia se encuentra, sobre este punto, en condiciones análogas, no sólo admite Rosa Luxemburgo una hipótesis radicalmente falsa, antihistórica, sino que se desliza involuntariamente hacia el liquidacionismo.
En segundo lugar, tiene una importancia singularmente grande la correlación entre las nacionalidades, totalmente diferente en Austria y en Rusia, en lo que toca al problema que nos ocupa. No sólo ha sido, Austria, durante largo tiempo, un Estado en que predominaban los alemanes, sino que los alemanes de Austria pretendían a la hegemonía en la nación alemana en general. Esta 'pretensión', como quizá tenga a bien recordar Rosa Luxemburgo (que tanta aversión parece sentir contra los lugares comunes, los clichés, las abstracciones. ..), la deshizo la guerra de 1866. La nación dominante en Austria, la alemana, quedó fuera de los confines del Estado alemán independiente, definitivamente formado hacia 1871. De otro lado, el intento de los húngaros de crear un Estado nacional independiente habla fracasado ya en 1849, bajo los golpes del ejército feudal ruso.
Así pues, se ha creado una situación extraordinariamente peculiar: ¡los húngaros, y tras ellos los checos, no tienden a separarse de Austria, sino a mantener la integridad de Austria, precisamente en interés de la independencia nacional, que podría ser totalmente aplastada por vecinos más rapaces y más fuertes! En virtud de esta situación peculiar, Austria ha tomado la estructura de un Estado bicéntrico (dual) y ahora se está convirtiendo en tricéntrico (triple: alemanes, húngaros y eslavos).
¿Sucede en Rusia algo parecido? ¿Aspiran en Rusia los "alógenos" a unirse con los grandes rusos bajo la amenaza de una opresión nacional peor?
Basta hacer esta pregunta para ver hasta qué punto es absurda, rutinaria y fruto de la ignorancia la comparación entre Rusia y Austria en cuanto a la autodeterminación de las naciones.
Las condiciones peculiares de Rusia, en lo que toca a la cuestión nacional, son precisamente lo contrario de lo que hemos visto en Austria. Rusia es un Estado con un centro nacional único, ruso. Los rusos ocupan un gigantesco territorio compacto, ascendiendo su número aproximadamente a 70 millones. La peculiaridad de este Estado nacional reside, en primer lugar, en que los "alógenos" (que en conjunto constituyen la mayoría de la población, el 57%) pueblan precisamente la periferia; en segundo lugar, en el hecho de que la opresión de estos alógenos es mucho más fuerte que en los países vecinos (incluso no tan sólo en los europeos); en tercer lugar, en que hay toda una serie de casos en que las nacionalidades oprimidas que viven en la periferia tienen compatriotas del otro lado de la frontera, y estos últimos gozan de mayor independencia nacional (hasta recordar aunque sólo sea en las fronteras occidental y meridional del Estado a finlandeses, suecos, polacos, ucranianos y rumanos); en cuarto lugar, en que el desarrollo del capitalismo y el nivel general de cultura son con frecuencia más altos en la periferia "alógena" que en el centro del Estado. Por último, precisamente en los Estados asiáticos vecinos, presenciamos el comienzo de un periodo de revoluciones burguesas y de movimientos nacionales, que comprenden en parte a las nacionalidades afines dentro de las fronteras de Rusia.
Así, pues, son precisamente las peculiaridades históricas concretas de la cuestión nacional en Rusia, las que hacen entre nosotros especialmente urgente el reconocimiento del derecho de las naciones a la autodeterminación en la época que atravesamos.
Por lo demás, incluso en el sentido puramente del hecho, es errónea la afirmación de Rosa Luxemburgo de que en el programa de los socialdemócratas austríacos no figura el reconocimiento del derecho de las naciones a la autodeterminación. Basta abrir las actas del Congreso de Brünn [Brno], en el que se aprobó el programa nacional, para ver allí las declaraciones del socialdemócrata ruteno Gankévich, en nombre de toda la delegación ucraniana (rutena) (pág. 85 de las actas), y del socialdemócrata polaco Reger, en nombre de toda la delegación polaca (pág. 108), diciendo que los socialdemócratas austríacos de las dos naciones indicadas incluían entre sus aspiraciones la de la unificación nacional, de la libertad e independencia de sus pueblos. Por consiguiente, la socialdemocracia austríaca, sin propugnar directamente en su programa el derecho de las naciones a la autodeterminación, transige plenamente, al mismo tiempo, con que ciertos sectores del partido presenten reivindicaciones de independencia nacional. ¡De hecho, esto justamente significa, como es natural, reconocer el derecho de las naciones a la autodeterminación! De modo que la referencia de Rosa Luxemburgo a Austria habla en todos los sentidos contra ella.